|
A comienzos del presente siglo, cuando surgió la industria juguetera, la villa de Ibi atravesaba un profundo estancamiento demográfico que no era sino el reflejo de las dificultades padecidas por una precaria agricultura incapaz de dar ocupación más o menos continuada a los habitantes del lugar. En 1900 residian en Ibi 3.653 personas, tres centenares más que al comienzo del reinado de Alfonso XII, pero también algunos más las gentes más humildes.
Aunque no sean las únicas causas explicatorias del estancamiento económico que padecia la villa, los factores físicos condicionaban negativamente el desarrollo de la
agricultura, principal fuente de riqueza para los ibenses de aquellos años. En primer lugar, el relieve montañoso. Ibi es un pueblo alto, el más alto de los cuatro de la Foia de Castalla, posiblemente la comarca
natural mejor delimitada de todas las comarcas que componen la provincia alicantina. El casco urbano primitivo,
establecido en la parte más elevada de la ciudad actual, superaba en buen parte los 750 m. de altitud, cota correspondiente al edificio del Ayuntamiento Viejo. La mayoría del Término el muy accidentado, con elevaciones y barrancos que, unidos a la escasa fertilidad del suelo (arcilloso o de naturaleza calcárea), dificultan las posibilidades de cultivo. Situada la población en una posición marginal dentro de la Foia,
controlando la salida natural de la coma
A las dificultades del relieve debemos añadir las climatológicas. Se trata, sin duda, de un clima de tipo mediterráneo influido por una clara tendencia continentalidad,
debida más a la altitud que al alejamiento del mar, no excesivo. Si suponemos que las características climaticas no deben haber variado en exceso desde comienzos del presente siglo hasta la actualidad, nos
encontramos con una zona de escasas precipitaciones (en torno a los 400 mm. anuales) que, además. Pero no es la lluvia, pese a su escasez y a las variaciones antes reseñadas, la principal dificultad climática
que condiciona los cultivos ibenses sino las temperaturas; una media anual de 12,4 C, con una oscilación
térmica de 15,4C entre la media del més mas frio (entre enero, con 5,6C.) y la del més más cálido (agosto, con 21 C), que condicionan los cultivos, impidiendo ciertos frutales y hortalizas que enriquezen las huertas del litoral; reducida su producciónndente en la zona y los más ancianos no olvidan la"nevá grossa" de la navidad de 1926, que sobrepasó claramente el metro de altura en la calle, bloqueó un buen número de puertas y aisló totalmente a la población; hubo que abrir pasillos en las aceras, arrojar a las calles la nieve helada acumulada en los tejados para que su peso no hundiese y prestar auxilio a las personas más necesitadas de las maías cercanas. Los ibenses convertirian este problema, las abundantes nevadas en su término, en una industria rentable durante muchos años (la de los pozos de nieve).
1. Una Agricultura en Crisis
El insuficiente desarrollo de otros medios de vida ded naturaleza industrial o comercial era la causa de que, pese a los obstáculos físicos antes mencionados, las actividades
agrarias fuesen la principal y casi la única fuente de riqueza de la villa. Según el Padrón Municipal de 1900, en la época en que comienza la fabricación de juguetes desempeñaban actividades laborales 1.330 ibenses,
hombres casi en su totalidad (una falacia común a muchos
EL Padrón diferenciaba entre ellos tres clases de agricultores. En primer lugar los propietarios, es decir, aquellos que poseian abundantes tierras, que arrendaban a otros
campesinos denominados medieros (ya que generalmente repartian a partes iguales la cosecha con el propietario) o dirigian personalmente --lo que generalmente no significaba el propio trabajo físico-- contratando a
los jornaleros necesarios para cada labor; el padrón solo recoge a 75 de ellos, aunque también e
En un segundo escalafón se encontraban los labradores, denominación ambigua que incluye tanto a aquellos propietarios que trabajaban personalmente una explotación de tipo
familiar como a los arrendatarios que repareten su cosecha con el dueño de la tierra. Los 155 que existen en Ibi, pede a la sobriedad económica en la que viven, poseen al menos una estabilidad laboral envidiada por
los jornaleros. Estos últimos constituian el colectivo laboral mas numeroso de la rurales de la España de lll la Restauración Borbónica.
Era excesiva la población agraria ibense para las posibilidades de un témino municipal de 61,4 kilómetros cuadrados, extensión ligeramente superior a la de dos de los pueblos
que lo rodean (Onil y Bañeres) pero muy inferior a los de Alcoy, Castalla y Jijona, con los que también linda. Pero, debido al carácter marcadamente accidentado de buena parte del territorio, la superficia
improductiva era, y sigue siendo en la actualidad, muy abundante; según d
Algo había aumentado tanto la superficie cultivada como el regadio a lo largo del siglo XIX si comparamos las cifras anteriores con las facilitadas por Mazon; según éste, con
datos relativos a los primeros años treinta del siglo pasado expresados en jornales (un jornal equival&iacuate;a en esta zona aproximadamente a media hectárea), --el terreno cultivado ascenderé a 3.560 jornales
de tierra, la cual en su mayor parte el pedregosa y secana, contándose...
continuara...
Texto y fotos sacados de: "Paya", Historia Social de una Industria Jugutera. Escrito por: Jose Ramón Valero Escandel
|
|